Miro en todas direcciones en busca de alguna explicación, pero no logro ver nada. Parece que me encuentro en una especie de túnel. Es un lugar angosto, muy angosto. Las paredes se pegan a mí y conforme los minutos pasan, todo se vuelve cada vez más caluroso. Quiero gritar, pero la voz no me sale. Quiero moverme, pero el lugar es tan estrecho que soy incapaz de hacerlo.
De pronto, oigo ruidos al otro lado de la pared. Voces. Están amortiguadas, pero hay un tono distintivo que las hace parecer nerviosas. Mierda, ¿dónde me han metido? ¡¿Qué está pasando aquí?!
Y luego el silencio. Un silencio tenso que solo es roto por unas voces serias, algunas nerviosas, y otras tartamudeantes. Presto atención intentando averiguar lo que dicen, intentando conseguir alguna pista del lugar en el que me encuentro para lograr salir de aquí; sin embargo, las palabras me llegan distorsionadas.
Me empiezo a agobiar. ¿Hace cuánto tiempo que me tienen encerrado? ¿Qué piensan hacer conmigo? Necesito ver a alguien, saber lo que ocurre. ¡Que alguien me saque de aquí!
Me falta el aire. La opresión en el pecho me agobia y creo que estoy a punto de perder el conocimiento cuando un haz sobre mi cabeza me hace girarme hacia allí. El techo se abre con una pequeña ranura, casi diminuta, y me sacan al exterior con rapidez por un hueco igual de estrecho que la extraña habitación en la que me encontraba.
Una intensa luz me ciega y escucho unos murmullos de asombro antes de poder ver las caras de las diez personas que me rodean. Me miran con los ojos abiertos, sorprendidos, algunos enfadados, muy enfadados, y yo no entiendo nada. No los conozco, ¡yo no he hecho nada! ¿Quiénes sois? ¿Qué hago aquí? ¡Dejadme en paz!
—Escalera real —anuncia una voz prepotente, mirándome desde arriba con orgullo y una sonrisa de autosuficiencia.
Este relato lo escribí para un taller de Literautas, la premisa era que la historia se titulara Un as en la manga y no podía tener más de 750 palabras.
Me costó un poco darle forma. Tan solo se me ocurrían ideas de alguien que se mete en un problema gordo y sale airoso gracias a un as en la manga que tenía guardado, algo inesperado, pero no era capaz de pensar en nada medianamente corto, por el límite de las 750 palabras. Además, imaginaba que mucha gente optaría por una historia parecida.
Le pregunté a unos amigos y uno me dio la idea de escribir sobre un as que está en la
manga de un tramposo. Ponerle voz a la carta, que este se quejara porque el hombre huele mal, que se rasca mucho, que se ponga desodorante. Un relato con un tono irónico o divertido. La idea me gustó mucho, que fuera un as en la manga de alguien, literalmente. Pero mi cabeza se fue hacia el giro final sorpresivo. Desvelando la identidad del protagonista en
el último momento.
| Islas Caimán | Una luz electrizante | Una mano inocente | ¿Quién soy? |





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