«He aquí una frase extraña: supe qué es estar muriéndose».
En noviembre de 2020, pocos meses antes de publicar su primera novela, la autora de este libro estuvo a punto de morir. Un sábado como cualquier otro, en su casa, sin saberlo, ella y su pareja se estaban muriendo. La caldera tenía una fuga y el monóxido de carbono les fue adormeciendo hasta que Marta se levantó a duras penas para ir al baño. Ahí, cayó desplomada y se golpeó la cabeza. Cinco años ha necesitado para narrar esta experiencia en una historia que conjuga la tensión narrativa, la ansiedad y la esperanza.
Oxígeno es «el libro que nunca hubiera querido escribir», el relato de los minutos en los que se les escapaba la vida, el de los meses que siguieron el accidente y el de los años que lo precedieron todo, cuando se enamoraron y empezaron a construir una vida sin pensar que podría terminar en cualquier momento. Combinando con maestría la sensibilidad, el sentido del humor y la lucidez, la autora mira de frente a la muerte para celebrar el asombro diario de seguir aquí.
Me ha gustado la manera en la que está contada esta historia, en primera persona y muy cercana. Es una autobiografía donde la autora nos cuenta un incidente que tuvo con una caldera en mal estado y lo cerca que estuvo de morir.
Es curioso cómo de vez en cuando nos iba recordando que esto no es una novela normal, con su desarrollo de personajes y giros potentes. Esta era su historia, desde su punto de vista, y algunos personajes no pueden tener un trasfondo increíble, pues ella no conoce sus circunstancias.
De todas formas, a pesar de que ha sido una lectura entretenida, no me ha terminado de decir mucho. Podría haber sido un libro con un tono más de crítica social, denuncia a las precarias condiciones que muchas personas deben vivir en pisos alquilados y la irresponsabilidad de los caseros. O la superación de un trauma. Pero no, la crítica social no aparece por ninguna parte y lo del trauma lo menciona de pasada un par de veces, aunque sin profundizar en ello, y se centra en el incidente.
En general está bien para pasar el rato, pero poco más.
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