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Una luz electrizante. Microrrelato

Las luces me están cegando. Unos discos colgados del techo me deslumbran con los rayos del sol, el viento los mueve y eso me confunde. Me desorientan. Una decena de niños corren por todos lados, sus gritos no me molestan, de hecho, me son indiferentes. No sé a dónde ir ni qué hago aquí. Voy dando bandazos de un lado para otro sin un destino concreto. Esquivo los cuerpos que saltan y gritan entusiasmados. No puedo evitar chocarme con algunos. Sin embargo, nadie me mira, nadie se fija en mí ni da muestras de haberse percatado de mi existencia.

Hay una tarta encima de una mesa, parece deliciosa. Aunque un olor mucho más apetitoso se interpone en mi camino. Huele como a pastel recién horneado. ¿Es ese bebé? Voy hacía allí, pero antes de llegar, una potente luz en la esquina de la habitación llama mi atención. Es cálida y conforme me voy acercando a ella escucho como chisporrotea, lanzando promesas electrizantes a las que soy incapaz de resistirme.

¿Huele ha quemado?

¡Ah!

—¡Joder! Otra puta mosca, y esta es de las verdes, de las de la mierda. ¿Quién coño ha dejado las mosquiteras abiertas?



*
Este microrrelato participa en el reto de escritura de mayo del 2026 de la página El tintero de oro.
Las premisas eran escribir un microrrelato de 250 palabras utilizando la primera frase del tercer capítulo del tercer libro que esté en la tercera estantería de mi biblioteca personal.

Ese libro resultó ser Loco por ella, de Cristina Prieto, y la frase era "Las luces me están cegando".

Era una frase tan corta que la inspiración no me llegaba, así que leí un poco más de esa página, pero todavía no he empezado este libro, así que fui con cuidado para no destriparme nada. Vi que se estaba desarrollando en una discoteca y ahí fue donde empecé a pensar.

Me gusta que los microrrelatos tengan un giro final, algo que el lector no se espere. Sino, en tan pocas palabras, no soy capaz de escribir una historia con sentido. Así que siempre opto por los giros sorpresas.

Algo en una discoteca, algo que tenga que ver con una luz que ciega, ¿el qué? Quién sabe de dónde salió la idea, pero me imaginé que el personaje que era una mosca y que acababa frita en las lámparas que las achicharran. Y escribí el relato con eso en mente. Pero el final no me cuadraba. ¿Porqué tendría que haber mosquiteras en una discoteca? ¿Quién lo dice? ¿El camarero a los que están allí de fiesta? No tiene sentido. Así que cambié el escenario, porque fui incapaz de pensar en otra situación que no fuese una mosca.
Y esto salió.

Espero que os haya gustado.




*

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¡Un saludo!



Islas Caimán. Relato

Toledo, enero de 1990.

Querida madre:

Con todo mi pesar, lamento informarle de que vamos a tener que cancelar los planes. Alguien nos ha robado los ahorros del banco. No sabemos cómo lo han hecho, pero han conseguido nuestros datos y nos han vaciado la cuenta. Entera. Hasta la última peseta. Los ahorros de toda nuestra vida… El dinero para tu residencia. Para las vacaciones de este verano. Para la universidad de las niñas… Clara empieza la carrera de Física en Madrid, es en septiembre y no creo que podamos recuperar el dinero para entonces. No sé qué vamos a hacer.

Le mantendré informada, pero no se preocupe, que, sea como sea, saldremos de esta.

Muy suyo,

Ricardo.



Toledo, marzo de 1990.

Querida madre:

Hace ya unos meses que pusimos la denuncia sobre el robo. Además, hemos contratado a un abogado y a un detective privado. Ya están investigando nuestro caso y han avanzado bastante. Han descubierto que alguien había creado una empresa fantasma en mi nombre, la vincularon a nuestra cuenta y unas semanas más tarde transfirieron todo el dinero que teníamos a un paraíso fiscal. Lo hicieron sin mi autorización y el detective dice que eso es muy extraño, pues hay que ser muy cercano a esa persona para poder enlazar la empresa con la cuenta bancaria. Ha dicho que se necesitan permisos, poderes notariales de no sé qué y un montón de palabros más que no he entendido. Igual usted, que estuvo trabajando durante tantos años con ese notario, pueda explicarme los detalles. La verdad es que no tengo ni idea.

Somos una familia honrada, que ha trabajado toda su vida para salir adelante sin meternos con nadie. Hay que ser cabrón un desalmado para hacer algo así. Pero lograremos encontrar a ese malnacido y le haremos pagar. No solo quiero que nos devuelva lo que nos ha robado, quiero venganza. Tengo unos amigos rumanos que por unos cuantos billetes me pueden hacer un favor. Se va a acordar de mí ese mamón, hijo de puta, desgraciado.

Muy suyo,

Ricardo.

P.D.: ¿Recibió el paquete con las fotografías de papá que me pidió? La última carta que le envié nos llegó devuelta. Decía que ahí no residía nadie con su nombre.
P.D.2: ¿Alguna vez me dejará que le instale un teléfono en su casa? Todo sería mucho más sencillo si pudiera llamarla.



Barajas, junio de 1990.

Puta. Zorra. MALNACIDA. Madre:

Espero que te hayas llevado un buen bastón, porque no vas a tener Islas Caimán suficientes para correr.

Tu maldito verdugo.






*

Este relato lo escribí siguiendo las premisas de la página web Literautas para el Taller de escritura: Móntame una escena, número 72. Las premisas eran que debía contener las palabras fantasma, plan y venganza. Además, no debía superar las 750 palabras. Había un reto opcional, que estuviera escrita en forma de diario personal, con fecha incluida. Y no sé porqué, al ver lo de la fecha mi cabeza obvió por completo lo de diario y pensó en cartas... Me di cuenta una vez que el relato ya estaba escrito y me era imposible cambiarlo. Habría que escribir algo completamente nuevo, así que lo presenté sin el reto opcional.

La inspiración me llegó por la palabra fantasma. Al principio estaba pensando en que alguien le dijera a otra persona que era "un fantasma", con el significado de ser alguien que se cree mucho pero luego no lo es tanto. Pero no se me ocurría cómo podía hilarlo con la venganza. Y luego, de alguna manera, me llegó la idea de crear una empresa fantasma. De ahí sí que podía hilar algo que acabara en una venganza.

Que fuera la madre ocurrió sin pensarlo pero de manera natural. Había que darle un giro a la historia para que resultara interesante y ¿quién mejor que la persona a la que se lo estás contando todo?

Espero que os haya gustado.
*

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Un saludo.



Mala suerte



—¡Noa! ¡Despierta!

Abrí los ojos de golpe, sobresaltada por el grito y un repentino empujón en el hombro. Me costó unos segundos entender dónde estaba y, cuando lo hice, vi a mi madre en la habitación. Su rostro de urgencia hizo que me levantase al momento. Se acercó a la cama de mi hermano pequeño y lo tomó entre sus brazos.

—¡Tenemos que irnos!

Me agarró con fuerza de la mano y salió corriendo por las escaleras. Iba descalza y en pijama, igual que Gabriel y yo, pero nada de eso parecía preocuparle. Aunque no sabía qué le pasaba, su cara de angustia me asustó. Cuando llegamos a la puerta de casa me paré para coger el abrigo con la estrella de David amarilla que nos había cosido hacía unas semanas. «Nunca salgáis de casa sin ella. Si lo hacéis, toda la familia tendrá problemas», nos dijo a mi hermano y a mí con seriedad.

—No tenemos tiempo para eso. ¡Vamos!

Aquello hizo que me temiese lo peor: papá y ella habían insistido mucho en la importancia de esa estrella, pero mamá tiró de mí y me sacó a la calle. Estaba completamente oscuro, no había nadie a nuestro alrededor, pero ella corría como si alguien estuviese persiguiéndonos.

—¿Qué pasa? —pregunté casi sin aliento—. ¿Adónde vamos?

—Corre, Noa. Luego te lo explico. Tenemos que llegar a un lugar seguro.

—¿Estamos en peligro? ¿Y papá?

—Vendrá luego. Vamos. Ahora no es momento para tus preguntas. Tan solo corre —ordenó apremiándome.

Nos llevó a casa del doctor Werner. Su mujer nos abrió la puerta antes de que llegásemos al porche de la entrada, y nos hizo subir al ático donde se encontraba su marido.

—No es muy grande, pero estaréis a salvo.

Giró una enorme estantería llena de libros, y detrás de esta apareció un pequeño agujero por el que mamá nos hizo meternos con rapidez. Luego, el doctor Werner cerró el hueco dejándonos solos en la más absoluta oscuridad. No veía nada, y aquello me puso mucho más nerviosa.

—¿Mamá?

Mi voz se quebró, pero ella tomó mi brazo y me sentó a su lado, en lo que parecía una pequeña cama. Nos apretamos unos contra otros en un abrazo lleno de miedo e incertidumbre. Todavía respiraba con rapidez, y notaba cómo el corazón de mi madre latía con intensidad.

—Todo va a estar bien, todo va a estar bien —susurraba una y otra vez.

De pronto, unas potentes voces irrumpieron en el silencio de la noche.

La miseria del éxito



Este relato pertenece a la antología “二千十九. El honor de su nombre”. Actualmente está inscrita en KDP Select de Amazon, y gracias a ello todos los usuarios de Kindle Unlimited pueden leerla de forma gratuita. Esto implica exclusividad, y no está permitido que la obra se distribuya en otro formato digital que no sea Amazon, por eso, en estos momentos no se puede leer desde mi blog.

Disculpad las molestias.

Más información: Mis obras.
 
Si queréis leer la historia, os dejo el enlace: “二千十九. El honor de su nombre”.
Para adquirirlo si resides fuera de España el enlace es otro: pincha aquí.




Cuando las obligaciones nos superan, la realidad es abrumadora o las preocupaciones no nos dejan dormir, es el momento de dejarlo todo a un lado, evadirnos de lo que nos rodea y adentrarnos en un sinfín de mundos extraños que ansían ser descubiertos.

Esta recopilación de relatos está plagada de ellos. Conoceremos a un pollo ludópata, nos reiremos con las peripecias de un peluche con aires de dictador, descubriremos qué le ocurrió al mayor asesino en serie de la historia, y nos emocionaremos con un inocente chico que acaba envuelto en peligrosos negocios con la mafia japonesa. Monjas, guerreros, drogadictos famosos, niñas muy especiales o ardillas con cuernecillos.

Cuarenta relatos en los que los personajes deberán encontrar su camino, vencer sus miedos y superar los obstáculos que se les van presentado. ¿Cuántos conseguirán sus propósitos? Solo hay una manera de averiguarlo… ¿Te atreves a descubrirlo?



Las premisas para escribir este relato las tomé de la página web Literautas, del Taller de escritura nº60, en el que se indicaba que las palabras cocina, margarita y tiburón debían aparecer en el texto. Además, no podía tener más de 750 palabras y tenía que haber un viajero en el tiempo.

Me costó bastante pensar en algo con la premisa del viajero en el tiempo, no estoy nada acostumbrada a este tipo de historias, y, como me apuntaron luego en la página de Literautas, es posible que haya algunos fallos en la trama.

¿Viajar en el tiempo solo mediante un tirón en el ombligo? La verdad es que cuando lo escribí no lo pensé nada, para mí tenía completamente sentido, pues tomé la idea de la sensación que se describe en Harry Potter al utilizar un traslador, pero claro, ahí tienen un objeto que hace la acción, en este relato... Digamos que Mats tiene una fuerza de voluntad enorme...

Y, por otra parte, mucha gente me ha dicho que es imposible viajar al pasado para cambiar el futuro, porque si se modifica ese futuro ya no existe entonces no puedes viajar al pasado a cambiar algo que no ha ocurrido... Y así entramos en un bucle infinito.

En resumen, escribirlo fue todo un reto. Personalmente estoy satisfecha con el resultado, pero como en esto de la creatividad, cada uno tiene su opinión y gustos.

¿Qué os pareció a vosotros? ¿Os gustó?

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¡Un saludo!


La casa de los gritos


Este relato pertenece a la antología “二千十九. El honor de su nombre”. Actualmente está inscrita en KDP Select de Amazon, y gracias a ello todos los usuarios de Kindle Unlimited pueden leerla de forma gratuita. Esto implica exclusividad, y no está permitido que la obra se distribuya en otro formato digital que no sea Amazon, por eso, en estos momentos no se puede leer desde mi blog.

Disculpad las molestias.

Más información: Mis obras.
 
Si queréis leer la historia, os dejo el enlace: “二千十九. El honor de su nombre”.
Para adquirirlo si resides fuera de España el enlace es otro: pincha aquí.




Cuando las obligaciones nos superan, la realidad es abrumadora o las preocupaciones no nos dejan dormir, es el momento de dejarlo todo a un lado, evadirnos de lo que nos rodea y adentrarnos en un sinfín de mundos extraños que ansían ser descubiertos.

Esta recopilación de relatos está plagada de ellos. Conoceremos a un pollo ludópata, nos reiremos con las peripecias de un peluche con aires de dictador, descubriremos qué le ocurrió al mayor asesino en serie de la historia, y nos emocionaremos con un inocente chico que acaba envuelto en peligrosos negocios con la mafia japonesa. Monjas, guerreros, drogadictos famosos, niñas muy especiales o ardillas con cuernecillos.

Cuarenta relatos en los que los personajes deberán encontrar su camino, vencer sus miedos y superar los obstáculos que se les van presentado. ¿Cuántos conseguirán sus propósitos? Solo hay una manera de averiguarlo… ¿Te atreves a descubrirlo?


Este relato lo escribí para el Taller de escritura nº59 de la página de Literautas. Las premisas eran: que comience con «El hombre se transformó en…» y que todo el relato transcurra en el interior de un edificio abandonado. Además de las 750 palabras de siempre.
La primera premisa la conseguí, la segunda no tanto, pues, como habéis leído, los chicos están fuera de la casa. Pero bueno, más o menos. Y el número de palabras lo reduje para el taller, pero este tiene unas cuantas más.

En cuanto leí la frase con la que el relato debía iniciar no pude pensar en otra cosa que no fuese un hombre lobo. De hecho, la idea que tenía en mi subconsciente era que ese chico era Remus Lupin, de Harry Potter, de ahí también el título del relato.

Otra cosa más con la que el mundo de Rowling me inspiró en este relato fue con los nombres de los personajes. No iba a poner que uno de los chicos se llamase Sirius, habría sido muy cantoso, pero elegí nombres de constelaciones o estrellas para los chavales que entran en la casa.

Espero que os haya gustado. Yo me lo pasé muy bien escribiéndolo.

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¡Un saludo!


La ofensa


—Andrew Davis, coleccionista de juguetes, dígame —respondió descolgando el teléfono al tercer tono—. ¡Oh, Giuseppe! ¿¡No me digas que lo has encontrado!? —Se mantuvo al teléfono escuchando con una sonrisa en los labios—. ¿Cuándo podrás enviármelo? —Miró el calendario que tenía al lado de la mesa y asintió—. Serán quince días eternos, pero seguro que valen la pena. Millones de gracias. Nos vemos.

Habían pasado casi dos meses desde aquella conversación, y hasta que el paquete llegó, todos los muñecos estuvieron ansiosos por conocer al que sería el nuevo miembro de su familia. Por las fotos que consiguieron sacar de internet vieron que era un peluche gigante. Un gorila negro, con unos brazos enormes y una mirada amenazadora. Andrew, Andy para los amigos, lo había llamado King Kong, y, solo con verlo en las fotos, los juguetes le tomaron un gran respeto. Pero lo que ninguno de ellos se pudo imaginar es que aquel peluche mullido con cara de enfado sería un completo tirano.

Desde el mismo día en el que lo trajeron, se paseó por la casa como si fuese el dueño del lugar. Se metía con todos y no tenía respeto por nada ni nadie. Ni siquiera el Action man articulado se libró de sus pullas. Nadie sabe qué fue lo que el gorila le dijo, pero fuese lo que fuese, molestó tanto al robusto muñeco que no dudó en atropellar al peluche con su enorme coche 4x4. Sin embargo, King Kong era un gorila muy orgulloso, y le devolvió el golpe lanzándolo por la ventana. Vivían en un décimo piso, y aunque el Action man nunca contó qué fue lo que le ocurrió, jamás volvió a ser el mismo. La Barbie médico le diagnosticó trastorno de estrés postraumático, pero ni sus cuidados, ni los del Ken doctor —nunca se supo en qué bando jugaba— le hicieron mejorar.

Los días pasaron, y los juguetes vivían sumidos en el miedo. King Kong era un tirano sin escrúpulos o empatía, siempre hacía lo que quería, y si sus acciones molestaban a alguien, mala suerte para ellos.

Un día los juguetes se enteraron de que Andy pasaría todo el fin de semana fuera de casa, y todos, menos uno, temblaron de pavor ante aquella noticia. Dos días enteros sin la supervisión de su coleccionista, el cual no tenía ni idea de la doble vida que llevaban sus juguetes, podría resultar catastrófico para los indefensos muñecos.

El viernes pasó sin grandes contratiempos, pero la tensión que había en el ambiente era palpable. Sin embargo, el sábado, King Kong se levantó con un humor de mil chimpancés. Destruyó en un par de segundos la casa de los Legos, que a Andy tanto le había costado conseguir, y estranguló a la Barbie Rapunzel con su propio pelo. Cuando el Ken doctor intentó ayudarla le amenazó con tirarlo por la ventana. Nadie se había olvidado de lo que le había pasado al Action man, y la pobre Rapunzel permaneció en el suelo sin que nadie se atreviese a socorrerla.

A King Kong le encantaba encaramarse a la parte más alta del armario, desde donde tenía una visión privilegiada de lo que ocurría dentro y fuera de la habitación. Iba de camino hacia allí cuando se chocó con uno de los juguetes.

—Mira por dónde andas, caniche —le espetó de malos modos.

—¿Caniche? —preguntó el muñeco volviéndose hacia él con una ceja levantada y una mirada malhumorada.

—¡Oh! ¿Te he ofendido, pequeño chihuahua? —cuestionó con arrogancia.

El juguete era más pequeño que King Kong, pero poco tenía que ver con lo que la gente conocía de él. Pues Niebla, el perro de Heidi, era un san bernardo de peluche nada paciente y con muy malas pulgas.

—¿Quién te crees que eres para llamarme así? Tú, sucio mono ardilla.

—¿¡Qué me has dicho, Yorkshire?! —preguntó King Kong colérico.

Se irguió todo lo grande que era, y su amenazadora figura ensombreció el cuerpo de Niebla. Mas el perro no se dejó amedrentar, y mantuvo la mirada fija en los ojos del furioso gorila. Se analizaron, se evaluaron y se enseñaron los colmillos. Los gruñidos de los dos llenaron la habitación, y todos los juguetes se refugiaron ante lo que pudiese ocurrir a continuación.

Fue King Kong el que atacó primero, se lanzó sobre Niebla con fuerza y rapidez, pero el perro esquivó su ataque y contraatacó al momento. Se golpearon sin compasión, sin contenerse, sin pensar en las consecuencias de sus actos. Las dentelladas y los zarpazos alcanzaron el cuerpo del otro y el sonido de las costuras abriéndose, hicieron que los hilos del resto de juguetes se erizasen. No se podía decir quién ganaba, y pasados unos minutos, el suelo se llenó de bolas de algodón.

El domingo por la tarde, cuando Andy regresó a casa, se encontró con aquel terrible estropicio. No tenía ni idea de qué era lo que había ocurrido allí, pero siguió los restos de aquella horrible pelea a muerte hasta el almacén, donde guardaba las herramientas, temiéndose lo peor.




La idea para escribir este relato la tomé de la página web Literautas, del Taller de escritura nº58.
En esta ocasión las premisas eran que el título de la historia debía ser este: La ofensa. Como reto opcional nos proporcionaban las palabras gorila, niebla y almacén, y, como siempre, la extensión del relato no debía de sobrepasar las 750 palabras. Este último requisito lo cumplí para el taller, pero el relato que acabas de leer tiene unas cuantas más, pues la idea me gustó tanto que no pude evitar extenderme un poco más.

Me lo pasé bastante bien escribiéndolo. Pues además es un relato de esos en los que en cuanto vi las palabras la historia comenzó a desarrollarse sola en mi cabeza.
Me encantó poder usar algunos personajes de mi infancia, y ese pequeño homenaje que le dedico a una película archiconocida por todos, no solo por que los muñecos cobren vida, sino por... ¿sabríais decir dónde se encuentra el otro elemento en común con ella?

Espero que esta pequeña ofensa y confrontación entre los juguetes os haya divertido, gustado, y, sobretodo, sacado una sonrisa.

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Urbanización Las Madrigueras bajo el Roble



Este relato pertenece a la antología “二千十九. El honor de su nombre”. Actualmente está inscrita en KDP Select de Amazon, y gracias a ello todos los usuarios de Kindle Unlimited pueden leerla de forma gratuita. Esto implica exclusividad, y no está permitido que la obra se distribuya en otro formato digital que no sea Amazon, por eso, en estos momentos no se puede leer desde mi blog.

Disculpad las molestias.

Más información: Mis obras.
 
Si queréis leer la historia, os dejo el enlace: “二千十九. El honor de su nombre”.
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Cuando las obligaciones nos superan, la realidad es abrumadora o las preocupaciones no nos dejan dormir, es el momento de dejarlo todo a un lado, evadirnos de lo que nos rodea y adentrarnos en un sinfín de mundos extraños que ansían ser descubiertos.

Esta recopilación de relatos está plagada de ellos. Conoceremos a un pollo ludópata, nos reiremos con las peripecias de un peluche con aires de dictador, descubriremos qué le ocurrió al mayor asesino en serie de la historia, y nos emocionaremos con un inocente chico que acaba envuelto en peligrosos negocios con la mafia japonesa. Monjas, guerreros, drogadictos famosos, niñas muy especiales o ardillas con cuernecillos.

Cuarenta relatos en los que los personajes deberán encontrar su camino, vencer sus miedos y superar los obstáculos que se les van presentado. ¿Cuántos conseguirán sus propósitos? Solo hay una manera de averiguarlo… ¿Te atreves a descubrirlo?





La propuesta que hacían era escribir un relato que contuviese las palabras sombra, baraja, dragón. Y como reto añadido, que fuese una fábula protagonizada por animales. El número de palabras debía de ser menos de 750, pero me gustó tanto la historia que no pude evitar alargarla un poco.

Desde el primer momento en el que leí la propuesta me vino a la cabeza la escena del principio: un grupo de animales vestidos con ropa jugando a las cartas. Quise hacer algunos guiños a animales célebres, como el conejo y la oruga de Alicia, la Ratita presumida o el señor Don Gato, el de la canción infantil, espero haberlo conseguido.

Es la primera vez que escribo una fábula, o lo intento. La verdad es que ha sido divertido.

Una de las características de las fábulas es que tienen una moraleja, ¿cuál pensáis que es el mensaje de esta?

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Eso que solo la música te hace sentir


Este relato pertenece a la antología “MMXVIII. Leyendas olvidadas”. Actualmente está inscrita en KDP Select de Amazon, y gracias a ello todos los usuarios de Kindle Unlimited pueden leerla de forma gratuita. Esto implica exclusividad, y no está permitido que la obra se distribuya en otro formato digital que no sea Amazon, por eso, en estos momentos no se puede leer desde mi blog.

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"Dicen que no hay nada mejor para evadirse de la realidad como sumergirse en un libro que le permita a nuestra imaginación echar a volar. 
Esta recopilación de relatos está repleta de historias emocionantes, un sinfín de mundos, tanto ficticios como reales, y unos personajes que tendrán que darlo todo para conseguir sus objetivos. Un niño obsesionado con un poeta, una pelea a muerte contra un dragón, una catástrofe navideña, un gladiador que ansía la libertad, un par de locos con ideas surrealistas... Algunos alcanzarán sus metas; otros, por el contrario, se quedarán en el camino; pero todos y cada uno de ellos tienen una historia que contar y algo que enseñarnos. 
¿Te atreves a conocerlos?"


Este relato participó en el taller de escritura número 55 de Literautas. La premisa que daban era que el relato contuviese esta frase: Todo el mundo era feliz hasta que…; que la última palabra fuese "aplausos" y que la extensión del relato no sobrepasase las 750 palabras.

Desde el principio, debido a la palabra "aplausos", supe que quería escribir algo relacionado con la representación de alguna obra, quizá de teatro o tan solo un concierto de orquesta. Y entonces se me ocurrió la idea de si sería posible hacer un relato describiendo tan solo la música. Siguiendo las notas de los instrumentos y haciendo énfasis en aquello que los espectadores sentían al escucharlo. Olvidar lo que los ojos ven y centrarme en lo que oyen y sienten.

No tengo ningún tipo de experiencia musical, más allá de las clases de música del colegio e instituto. Pero me gusta mucho escuchar música y la pasión que pone Jaime Altozano en sus vídeos han calado dentro de mí. Seguro que alguien versado en la música encontrará millones de fallos en mi texto, y seguramente podrá explicarlo todo mucho mejor que yo, pero aun así ha sido una experiencia muy bonita escribir este relato, todo un reto.

Espero que os haya gustado, y que os haya transmitido alguna emoción.

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