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Los virus no entran por los pies. Lucía Galán Bertrand. Reseña



Título: Los virus no entran por los pies.
Autora: Lucía Galán Bertrand.
Año de publicación: 2024.
Género: Divulgación. Medicina. Salud. Salud mental.
Puntuación: 7 sobre 10.


Lucía, mi pediatra vuelve a sorprendernos con un libro que derriba todos los mitos sobre la salud física y mental de niños y familias

«Aunque a priori te puedas sentir abrumado o abrumada por el exceso de información, te puedo asegurar que siempre es mejor saber que no saber, que el conocimiento no es solo poder, sino que es control y es calma. Y esto, en la maternidad y paternidad, vale oro. Ahora mismo afortunadamente contamos con muchos medios y recursos para no tener que creer a pies juntillas lo que nos dice el curandero, nuestras abuelas, vecinas o suegras, aunque estas lo hagan desde la mejor de sus intenciones.»

Desde cuestiones tan fundamentales como las infecciones, la alimentación y el neurodesarrollo a temas tan importantes como el sueño, la salud mental o el bullying. Desde las vacunas y los accidentes infantiles a los neuromitos que llevamos años escuchando. Desde los bulos más disparatados leídos en redes sociales, medios o escuchados en el parque a los dardos envenenados que a madres y padres nos han lanzado a lo largo de este viaje.

La doctora Lucía Galán vuelca en esta obra toda la experiencia de más de veinte años de profesión para derribar los mitos con los que ella misma se ha topado como pediatra, como madre y como mujer. Con la evidencia científica como premisa, esta es una obra práctica, tan llena de consejos médicos como de emoción, sensibilidad y empatía al más puro estilo Lucía, mi pediatra. Cargado de experiencias personales que nos tocan el corazón.



La primera parte me ha parecido muy amena y entretenida. Rompiendo mitos que muchos considerábamos verdades como puños. Aunque algunos de ellos nunca los había escuchado, me ha parecido muy instructivo. El conocimiento es poder y no todo lo que siempre se ha hecho es bueno.

La segunda parte del libro me ha roto. No me esperaba esa intensidad. No estaba preparada para toda la carga emocional que lleva y me he agobiado en algunas ocasiones.

El acoso escolar, la salud mental, temas tan complicados como el autismo y todo lo que sufren las familias cuando los consejos bien intencionados, o no, relacionados con estos temas llegan a sus vidas. Consejos que muchas veces hacen más daño que bien. Tengo dos niños pequeños, todavía estoy metida de lleno en las rabietas, y ver lo que me espera, o lo que puede venir, me ha agobiado un poco. Me gusta saberlo y estar preparada, tener recursos siempre es mejor que vivir una vida en la ignorancia, pero…

Otros padres con hijos mayores me han dicho varias veces la frase de, niños pequeños, problemas pequeños. Niños grandes, problemas grandes.

Afrontaremos lo que llegue cuando lo haga, como lo hemos hecho hasta ahora, pero ufff, lo que puede llegar es duro. Seguiré leyendo y preparándome. Aprender, comprender y conseguir recursos para saber manejar, de la mejor manera, dentro de mis posibilidades, lo que venga.


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¡Un saludo!



Pájaros perdidos. Relato

Miró el reloj que había al lado del mueble mientras cambiaba los canales de la televisión sin pararse en ninguno.

—No son ni las cuatro —se quejó Laura, lanzando un cansado suspiro al aire.

Al otro lado de la ventana ya estaba oscuro. De hecho, no había llegado a amanecer del todo y la lluvia seguía cayendo con fuerza. Igual que desde hacía más de tres semanas. Su expresión de aburrimiento tornó a otra de hastío. El día era gris, frío y opaco, como su estado de ánimo. Su vida se había convertido en una tediosa rutina, de casa al trabajo y del trabajo a casa, sin desvíos ni distracciones. El otoño no había hecho más que comenzar; pero se presentaba el más duro hasta el momento. En el invierno no quería ni pensar.

—Bienvenida a Finlandia —murmuró para sí misma apagando la televisión. Tiró el mando sobre el sofá y se cubrió los ojos con las manos—. Ya te habían advertido de que para cuando llegara este momento deberías haber hecho algún amigo; pero estabas demasiado ocupada con los turnos del hospital. ¿Y ahora qué tienes? La cuenta del banco llena de ceros, una depresión y nadie a quien llamar. ¡Bravo, Laura!

Aterrizó en Rovaniemi a principios del verano, cuando España era asolada por los incendios y las olas de calor se sucedían una tras otra, así que, los diecinueve grados de máxima que había en la capital de la Laponia finlandesa fueron más que agradecidos. Se dedicó de lleno a su trabajo de enfermera y, aunque no hablaba finés, no tenía problemas en comunicarse en inglés. Sin embargo, no había logrado trabar ninguna amistad.

Tomó su móvil y vio que sus hermanas le habían enviado varias fotografías. Nele estaba en Israel visitando a la familia de su marido y Fátima seguía emocionada con sus primeros descubrimientos como arqueóloga. Se alegraba por ellas, que sus hermanas fueran felices la hacía feliz, pero no podía evitar mirar las imágenes con envidia. El sol lucía en todas ellas. El cielo era azul y no había ni un solo atisbo de nubes. En su realidad, un intenso aguacero seguía cayendo al otro lado de la ventana.

—Maldita sea, esto no puede seguir así —se reprendió, levantándose del sofá—. Tu querías un reto, un cambio de aires y salir de tu zona de confort. ¡Pues sal! ¿Qué más da estar en tu apartamento de Sevilla que aquí, si solo pisas la calle para ir al trabajo? ¿En qué ha cambiado tú vida? ¡En nada!

Se vistió con lo primero que encontró en el armario, se caló las botas de agua en un gesto decidido y salió a la calle haciendo grandes esfuerzos por obviar la lluvia. Aunque las calles estaban vacías, todos los locales estaban atestados de gente, y las risas salían de los restaurantes envolviendo a la ciudad en un halo de alegría. Laura los miraba desde fuera con el ceño fruncido, sin poder evitar el rencor en sus ojos. El agua había comenzado a traspasarle el chubasquero.

—Necesito un lugar en el que refugiarme— dijo en voz baja, andando con pasos largos.

Entró en el primer lugar que vio sin importarle lo que fuera. En cuanto puso un pie dentro el intenso olor a palomitas le hizo regresar a España. A los fines de semana con sus hermanas, las cenas en los restaurantes de comida rápida y la chocolatina de premio que le daba su madre cuando se portaban bien. Una enorme sonrisa apareció en sus labios y echó un vistazo a la cartelera, negándose a que la nostalgia se apoderase de ella. Un cartón enorme de palomitas dulces todavía calientes, un refresco y una sala en penumbras en la que solo había una persona más.

Hei! —saludó, utilizando una de las pocas palabras que sabía en finés.

El chico le respondió con el mismo monosílabo y Laura pasó por delante de él sin prestarle atención a su apariencia. Piel morena, ojos más negros que los suyos y un cabello rizado de color oscuro. Completamente opuesto al estereotipo del finlandés. Su hermana mayor era adoptada y, aunque sus rasgos árabes no diferían mucho con los de ella misma, a lo largo de su vida había sufrido varios encuentros racistas, y no iba a ser Laura la que se juzgara a una persona por el color de su piel.

Quince minutos más tarde las luces se apagaron y la sala permaneció casi vacía. La película era en versión original con subtítulos en inglés. No fue ni mala ni buena, una trama sencilla, de esas para pasar la tarde y no pensar mucho. Casi dos horas más tarde las luces se volvieron a encender.

—No ha estado mal —se dijo Laura, con una sensación de calma en el cuerpo. Se dirigió a la salida donde el chico estaba esperándola para sujetarle la puerta—. Kiitos.

Your welcome! —contestó guiñándole un ojo.

Laura no pudo evitar ruborizarse y salió casi huyendo. No era bajita, pero el chico le sacaba dos cabezas, y aquello le impuso bastante respeto, además de la preciosa sonrisa que acompañó a sus palabras.

El estómago le rugía, a pesar del cartón de palomitas que se había comido, y se acercó al único restaurante del edificio: una cadena de comida rápida. No pudo evitar sonreír al verlo. El vestíbulo del cine estaba lleno y la cola se perdía entre la gente. Todas las mesas estaban ocupadas y varios grupos de adolescentes habían terminado comiendo sentados en el suelo.

—Mejor busco otro sitio —murmuró, sin querer regresar a su piso.

La calle la recibió con la misma lluvia de antes. Se puso el chubasquero, todavía mojado, y se adentró en el aguacero luchando con las nubes que se erguían sobre su cabeza, amenazando con una tormenta mucho más peligrosa que la que había a su alrededor. Recorrió las calles adyacentes sin encontrar ningún restaurante que le apeteciese con mesas libres. Notaba que el agua empezaba a bajarle por las piernas y la humedad le llegaba hasta los tobillos.

—Lo que sea. El primero que tenga hueco —afirmó, girando una esquina.

No se fijó en el letrero, solo vio una mesa vacía al lado de la ventana, y entró. Anduvo entre los comensales con la vista fija en su objetivo y cuando le quedaban dos pasos para llegar, una mochila apareció encima de la mesa. Laura levantó la mirada y sus ojos se abrieron con asombro al ver al chico del cine.

—Es la única libre —dijo ella, en inglés, en un tono casi de súplica.

—Hay cuatro sillas, y yo solo necesito una —respondió él, con la misma sonrisa de antes.

Laura bajó la cabeza, azorada. Estuvo a punto de darse la vuelta y marcharse; sin embargo, el olor a comida le hizo aceptar la invitación. Una vez que estuvieron sentados, en diagonal, el chico le tendió una carta. Al verla, Laura miró a su alrededor sorprendida.

—¡Anda! Un mexicano, qué casualidad —exclamó en español sin dirigirse a nadie.

—¿Hablas castellano? —preguntó el chico en el mismo idioma con un marcado acento.

—Sí, soy de España. ¿Y tú?

—Yo soy finlandés, pero mi madre es venezolana. —Se cambió a la silla que había delante de Laura y alargó una mano por encima de la mesa—. Heikki, encantado de conocerte.

La conversación entre los dos fluyó con naturalidad, en español, salpicado con palabras en inglés, muchas risas y una decena de miradas cómplices.

—Hay un bar con buena música cerca de aquí. ¿Quieres que vayamos? —preguntó Heikki mientras pagaban.

—¡Claro! —contestó Laura con entusiasmo.

Salieron a la calle y corrieron con las capuchas puestas.

—Es ahí —anunció Heikki, señalando un pequeño local en la acera contraria.

Tenían que cruzar un semáforo y esperaron, impacientes, a que cambiara de color. Estaban uno al lado del otro, intentando hacerse lo más pequeños posibles para resguardarse de la lluvia y del viento que se acababa de levantar. Cuando el hombrecillo se puso en verde Laura avanzó unos pasos y se giró hacia atrás, extrañada, al ver que él no la seguía.

—¿Todo bien?

—Está nevando —respondió Heikki extendiendo una mano entre ellos.

Los copos se quedaban en su palma y Laura se quedó mirándolos, fascinada. Había visto la nieve tres veces en toda su vida, y ninguna en su Sevilla natal.

—Son como los pintan en los dibujos, en forma de estrella —murmuró, acercándose a él—. Siempre pensé que era una imagen idealizada para los niños.

—Es bonito, ¿verdad?

—Mucho —contestó, asintiendo entusiasmada con la cabeza.

—Pues si te quedas aquí esta no será la única nevada que veas. Finales de septiembre y ya tenemos nieve…

—¿Muy pronto?

—Yo no quiero decir nada. Vamos a cruzar antes de que se vuelva a poner en rojo —continuó diciendo, mientras señalaba con la cabeza el hombrecillo verde que había comenzado a parpadear.

El local era acogedor, con música de ambiente, no muy alta, y lleno de sillones. A pesar de que había bastante gente, podían hablar sin tener que gritarse al oído y treinta minutos más tarde lograron hacerse con un hueco.

—¿Nunca has probado la sima? —preguntó Heikki sorprendido.

—No llevo mucho tiempo en Finlandia y no he salido demasiado —se excusó Laura, con cierta vergüenza—. ¿Qué es?

—Una especie de hidromiel.

—¿Tiene alcohol?

—Algo, pero es bastante suave. No creo que aquí tengan y si hay, seguro que no está muy buena. Mi padre la hace casera y jamás probarás una sima mejor que la suya. Si quieres puedes venir un día a mi piso y la pruebas —terminó diciendo, dejando la pelota en su tejado.

—Me gustaría mucho —contestó al momento.

Habían congeniado muy bien. Se sentían a gusto con el otro y cuando la mesa se llenó de refrescos y un par de cervezas, las miradas que se dedicaban eran cada vez más intensas. Las palabras clave no salían de la boca de ninguno de los dos por miedo a estropear ese momento, ese algo que se estaba empezando a formar y que no querían estropear.

—Te acompaño a casa —dijo Heikki antes de abrir la puerta del local.

—No es necesario. Vivo a dos calles —contestó Laura antes de salir.

Un frío helado se coló por la rendija y se quedaron anonadados al ver la fuerte nevada que estaba cayendo. La capa de nieve que había en el suelo tenía veinte centímetros de espesor y continuaba cayendo.

—Dices que no vivías muy lejos —dijo Heikki con una ceja levantada.

—No. ¿Tú?

—Al otro lado del río —contestó, frotándose la nuca.

Se miraron a los ojos durante unos segundos con la pregunta flotando entre ellos.

—Creo que esta noche voy a tener que acoger a un finlandés sin hogar —dijo Laura, sonriendo.

—Por favor, a no ser que quieras que muera congelado.

—Eso sería todo un desperdicio —contestó, saliendo a la calle, dejándole con una ceja levantada y las ganas de que le aclarara el comentario.

*

Lo primero en lo que Laura se dio cuenta al despertar es que el constante golpeteo de las gotas de lluvia contra la ventana había parado. Lo segundo: que había alguien más en su cama. Heikki la miraba sentado desde el borde, con una bandeja de tostadas recién hechas y una taza de té humeante.

—¿Llevas ahí mucho rato? —preguntó, azorada.

—Un poco. ¿Sabes que murmuras mientras duermes?

Ella se sonrojó y tiró de la sábana para taparse la cara, haciendo que la bandeja se deslizara y las tazas se movieran con violencia.

—¡Perdón! —dijo, incorporándose al momento.

—No pasa nada. Vamos a desayunar, y luego vístete. Hay algo que quiero mostrarte.

—¿Fuera? Ha dejado de llover, ¿verdad? —preguntó, inclinándose hacia la ventana.

—Sí, pero no mires. Luego lo verás —contestó, tomándola de la barbilla para girarle la cara. Se acercó a ella y le dio un suave beso en los labios—. Buenos días —dijo en un tono meloso con una sincera sonrisa.

—El mejor en meses.

Desayunaron en la cama. No era el lugar más cómodo del piso, pero Heikki no quería que Laura se acercara a ninguna ventana y pudiera ver el exterior.

—Me tienes intrigada, ¿qué hay en la calle? ¿Unicornios de colores?

—Mejor —contestó, tendiéndole el abrigo.

Bajaron por las escaleras del edificio y justo antes de salir Heikki le hizo cerrar los ojos.

—Dame la mano y no los abras hasta que te lo diga.

—¿Adónde vamos? Si sigue habiendo nieve me resbalaré.

—Sigue habiendo nieve, pero no te vas a caer. Confía en mí.

Laura asintió y se dejó guiar con la curiosidad a punto de explotar. El sol le daba en la cara y a su alrededor solo se escuchaba el crujir de la nieve. Anduvieron unos cientos de metros hasta que Heikki le hizo detenerse.

—Vale. ¿Preparada? —preguntó, colocándose detrás de ella.

—¡Por favor! —suplicó.

Estaban en un parque cercano a su piso. Laura pasaba por allí todos los días de camino al hospital; sin embargo, el aspecto que ese día mostraba era sorprendente. El sol se erguía orgulloso al fondo, entre los abetos nevados. No había ni una sola nube en el cielo, pero el blanco seguía más que presente, pues el suelo era un mar de nieve. Inmaculada, perfecta y silenciosa.

—¿Te gusta? —preguntó Heikki con la voz ronca al ver que no decía nada.

—Es asombroso… —murmuró, incapaz de encontrar palabras para describir lo que veía.

—Bienvenida a Finlandia —le susurró al oído, apoyando la barbilla sobre su hombro—. No todo son días de lluvia y oscuridad. No podemos dejar que los malos momentos nos impidan disfrutar de los buenos.

Pasaron la mañana en una cruenta guerra de bolas de nieve, a pesar de la reticencia inicial de Laura de mancillar el inmaculado paisaje. Los niños del barrio se unieron a ellos y acabaron revolcados en la nieve, colina abajo, encima de un trineo. Muñecos de nieve, risas y una euforia que llevaba meses sin sentir.

—Gracias —dijo con sinceridad, cuando Heikki puso delante de ella un sencillo plato de pasta con tomate.

—¿Por la comida? —preguntó, levantando una ceja con arrogancia.

—Por eso, por esta mañana tan maravillosa y por tu alegría.

—De nada —respondió dándole un beso—. A ver si tenemos suerte y Finlandia nos regala otro de sus maravillosos momentos.

—¿Gnomos y duendes? ¿Trolls?

—Mucho mejor que eso. Pero tendremos que esperar un poco.

Cuando terminaron de comer se tumbaron en el sofá. La mañana en la nieve los había dejado agotados, Laura estaba dando cabezadas, aunque cada vez que Heikki se erguía para mirar por la ventana, volvía a despertarse.

—¿Qué es lo que esperas? —preguntó, somnolienta.

—Ya lo verás. Si es que aparece.

Ya había anochecido, a pesar de que no eran más que las cinco de la tarde, y unos pensamientos negativos se empezaban a colar en la cabeza de Laura. «Ha sido perfecto. Un día maravilloso. Demasiado… Mañana toca volver a la realidad, y él…».

—¡Sí! —gritó de pronto Heikki, sacándola de sus ideas catastrofistas.

Se levantó de un salto y tiró de ella para acercarla a la ventana.

—¿Cierro los ojos? —preguntó con una sonrisa infantil.

—¿Cómo lo has sabido?

Se dejó guiar por el pequeño salón, oyó a Heikki abrir la ventana y un segundo más tarde el frío del otoño le dio en la cara.

—¿Esta vez no me vas a llevar de excursión hasta el parque?

—No es necesario. Se ve perfectamente desde aquí. Abre los ojos.

Laura lo hizo despacio, saboreando el momento, intentando disfrutar del entusiasmo de su compañero. Y, al igual que esa mañana, sus ojos se abrieron, estupefactos.

—Dios mío, es… Es una…

—Una aurora boreal —terminó de decir, complacido por su reacción.

Permanecieron unos minutos quietos, uno al lado del otro, contemplando el espectáculo que la naturaleza les brindaba. Las luces de la ciudad, inmóviles, contrastaban con las ráfagas de luz que se movían por el cielo, tranquilas, orgullosas y elegantes.

—¿Es la primera que ves? —Laura asintió en silencio y él la miró con un intenso brillo en los ojos—. En mi familia hay una tradición. Cuando alguien contempla por primera vez una aurora boreal con alguien de mi familia, se crea entre ellos un lazo irrompible. Mi abuelo me lo contó, y a él se lo contó el suyo. Así que, imagínate desde hace cuando se dice.

Laura permaneció en silencio durante unos segundos, procesando la información de ese chico al que había conocido el día anterior.

—¿Un lazo romántico? —preguntó en un quedo murmullo.

—No en todos los casos, pero siempre de una fuerte amistad—. Hizo una pausa y continuó hablando—. A mis padres les pasó, y prometieron que si en algún momento tenían una niña la llamaría Aurora. Luego llegamos mi hermano y yo y les fastidiamos los planes —terminó diciendo con una risa divertida.

Un tranquilo silencio se instauró entre los dos, abrazados ante la ventana con la vista fija en el paisaje.

—Si llega a pasar, el nombre de Aurora no me desagrada —comentó Laura, sin despegar los ojos del frente.

Heikki sonrió a su lado, le dio un beso en la cabeza y la estrechó contra su pecho. Los ojos de Laura se llenaron de lágrimas que acabaron resbalando por su mejilla, sin que la chica tuviera la intención de detenerlas.

Las últimas semanas habían estado sumidas en la oscuridad, pero algo le decía que eso estaba por cambiar. Habría días buenos y otros malos. Pero no podía quedarse anclada en los grises y perderse los blancos y azules. Los multicolores y los cielos negros teñidos de verde y morado.

Ninguno sabía lo que les depararía el futuro; sin embargo…,


«Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas». Pájaros perdidos (1916), Rabindranaz Tagore.



No sé muy bien de dónde salió la inspiración para este relato, tan solo recuerdo que debía contener las palabras primero, reloj y opaco.
La idea original era muy diferente a lo que ha resultado. En un principio estaba intentando algo relacionado con unos niños en una guardería. Que no podían salir al parque porque estaba lloviendo o algo así. Quería que fuese algún cuento con una moraleja bonita al final. Me pasé varios días dándole vueltas a eso, pero no se me ocurría cómo hacerlo, así que descarté la idea y pensé en otra cosa.

Aun así, quería que tuviera ese final feliz con moraleja y se me ocurrió la frase "Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas". Y cuando fui a buscarla en internet descubrí que era parte de un libro de poemas. El título del relato es el título de ese libro.

De ahí fue fluyendo la idea. Y creo que no quedó mal. De hecho, este relato me dio pie a escribir una historia mucho más larga que se ha acabado convirtiendo en una novela.

*

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¡Un saludo!



Torpe de nacimiento. Yaro Abe. Reseña



Título: Torpe de nacimiento.
Título original: Umareta Toki kara Hetakuso (生まれたときから下手くそ).
Autor: Yaro Abe.
Año de publicación original: 2014.
Género: Manga. Costumbrista.
Puntuación: 8 sobre 10.


Makoto es un niño tímido, patoso y debilucho, que se pasa todo el año resfriado y que trata de adaptarse y encontrar su sitio. Es un zote en los deportes, pero le gusta dibujar. Su padre, un personaje excéntrico y vacilón, le llama “blandengue” por ser delicado y torpón, pero en realidad ambos comparten cierta torpeza natural.

Yaro Abe, el autor de La cantina de medianoche, recrea aspectos de su propia infancia en esta obra en la que rememora en especial la relación con su padre, un personaje peculiar que solía llevar pantalones bombachos hechos a medida -cuando no andaba por casa en simples calzoncillos- y con el que tenía un vínculo muy fuerte. Pequeñas anécdotas llenas de ternura, humor y agudeza que dejan con el corazón en un puño.



En este manga el autor nos lleva hasta su infancia y adolescencia. Nos cuenta anécdotas de su vida en el colegio, sus amigos y algunos complejos. Habla de toda su familia, sin embargo, su padre es el que se lleva gran parte del peso de la trama y el que más protagonismo tiene.

No es una historia con grandes tragedias, pues aunque las hay, las lleva sin dramatismos, dándoles importancia, pero sin centrar la trama en ellas.

Es un manga lleno de escenas aleatorias, muchas veces inconexas entre ellas, que recuerda mucho a su manga de más éxito La cantina de Medianoche, la cual hace un par de apariciones que me han gustado bastante.

En general me ha parecido un buen manga, con el dibujo de este autor al que estamos acostumbrados y con una moraleja final. Su éxito llegó cuando tenía cuarenta años, lo que nos enseña que nunca es tarde. Nunca hay que tirar los sueños a la basura.

La anécdota final con el mangaka al que le estuvo mandando sus creaciones durante años me ha gustado mucho. Un gran gesto por parte de Sanogawa.


*

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¡Un saludo!



Duelo en las Highlands. Nisa Arce. Reseña



Título: Duelo en las Highlands.
Autora: Nisa Arce.
Año de publicación: 2023.
Género: Romántico, LGBT.
Puntuación: 8 sobre 10.


Buenas, permitid que me presente. Soy Greg. Greg McKenzie. El más zanahorio de todos los habitantes de Stonehaven, un pueblo donde nunca pasa nada, o al menos eso creía aquel verano, cuando tuve que regresar tras haber fracasado estrepitosamente en la uni. Pero nada más estar de vuelta, la vida se encargó de meterme una buena colleja para que espabilase.

Resulta que a mi tío -que no es mi tío, pero eso no viene a cuento ahora- le pareció buena idea poner a un encargado al frente de su freiduría, el negocio que yo estaba destinado a heredar tras mi «regreso triunfal». Y de entre todas las opciones disponibles, tuvo que elegir al tío más egocéntrico, arrogante e insoportable de las Highlands: Connor Miles. En resumen, que mi vida daba asco, para variar.

Pero entonces, una mañana, cuando estaba a mi bola leyendo en mi rincón secreto a las afueras del pueblo, vi a Connor bailar. En kilt. Sí, en kilt. También a su bola, como si yo no estuviera delante. Y todo cambió, no solo porque empecé a cuestionarme si era cierto eso de que «ser escocés es una mierda», sino porque ya no me pude quitar al insufrible de Miles de la cabeza…



Una novela fácil de leer, que engancha desde el principio y con unos personajes bien construidos. Me ha gustado su historia, aunque el inicio de la relación entre los dos personajes me ha parecido muy forzada. Se supone que es un enemies to lovers, un de enemigos a amantes, pero no lo veo mucho como enemigos. No creo que su relación llegue a ser tan mala al principio, no ocurre nada que los haga ser enemigos y eso me sacó de la historia algunas veces.

Aun así, la novela es entretenida. Conforme uno va leyendo vas dándote cuenta hacia dónde se dirige y no crea expectativas que luego no se cumplen.

A parte del contenido LGBT, quiero poner énfasis en el romance de dos personas que se salen mucho de los típicos protagonistas de las novelas románticas. No solo los jóvenes se enamoran y tienen sexo. El otro tema que me ha gustado es lo bien que está descrito el concepto de familia. Una familia no se compone de un padre, una madre y los hijos. Una familia es algo diferente, es un sentimiento, no siempre tiene que ser familia de sangre para que sea una familia, y eso no la hace menos válida que las otras.

Leyéndola, me han dado unas ganas increíbles de comprar el primer billete de avión a las Highlands. Tan solo he estado en Edimburgo y es una de las ciudades que he visitado que más me han gustado. Espero poder ir de nuevo allí y recorrer los paisajes que nos describen en el libro.

Como curiosidad, me ha parecido reseñable que ninguno de los protagonistas fuese hetero, justo lo contrario a las novelas “convencionales”.

Ya hay una novela donde nos cuentan la historia de uno de los personajes secundarios, que se va directa a la montaña de libros a comprar. Aunque algo me dice que no será el último libro en el que los veamos.

En general, una novela recomendable.

*

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Redes. Eloy Moreno. Reseña



Título: Redes.
Autor: Eloy Moreno.
Año de publicación: 2024.
Género: Juvenil.
Puntuación: 8,5 sobre 10.


¿Cuántos likes vale tu felicidad?

Se pasa unas horas más viendo los viajes maravillosos, los cuerpos perfectos y todos los outfits que se prueban cada día los influencers. Y se siente mal porque ella no puede llevar la vida que ve en las redes, sabe que nunca podrá alcanzar una felicidad así.


Es una novela que se lee con facilidad, tiene un ritmo muy rápido y te mete en la historia desde las primeras páginas. El tema principal sobre el que gira es internet, las redes sociales y un giro final que me ha gustado bastante, pues no me lo esperaba. Sin embargo, me ha parecido que todo era demasiado. Está claro que las redes sociales pueden ser peligrosas, pero en este libro no hay nada bueno de ellas.

Cuando lo acabas te queda la sensación de que las redes sociales son lo peor que se ha inventado nunca y no creo que haya que demonizarlas. Son parte de nuestra vida, no se van a ir a ninguna parte, y creo que el enfoque tan negativo que se muestra en el libro no es bueno. Hay que educar a los niños y adolescentes en su uso, educar, no meter miedo o que los padres, al leer este libro, las prohíban. No sé, creo que la idea es buena, pero se ha exagerado demasiado.

Sobre los personajes, para mi gusto hay demasiados y como el libro no es muy largo, eso hace que no se lleguen a desarrollar del todo y uno no se puede sentir identificado con ninguno de ellos. Me ha parecido que quedan muchos temas sin cerrar y eso me ha molestado un poco.

Por otra parte, lo venden como una continuación de Invisible, no le di mucha importancia a eso, y creo que eso me ha salvado una buena parte de la novela, pues los protagonistas de Invisible aquí son casi menos que secundarios. Imagino que querían tirar del éxito que tuvo ese libro, pero si hubieran puesto otros personajes, en lugar de los del libro anterior, la novela habría funcionado exactamente igual, pues no tienen ningún peso en la historia.

En general, un libro fácil de leer, que engancha, pero con una visión demasiado negativa de la realidad.

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El viaje de tu vida. Lucía Galán Bertrand. Reseña



Título: El viaje de tu vida.
Autora: Lucía Galán Bertrand.
Año de publicación: 2018.
Género: Divulgación.
Puntuación: 8,5 sobre 10.


Este libro está lleno de padres y madres valientes que hemos decidido (porque me incluyo entre ellas) abrir las puertas de nuestro corazón de par en par. Padres y madres que en un momento determinado de sus vidas pusieron el contador a cero. Hombres y mujeres que en un acto de generosidad se han lanzado a la piscina orgullosos del salto que iban a dar con un: “Aquí está nuestra historia, este es nuestro viaje. ¿Nos acompañas?”



La sinopsis habla por si sola, este libro está lleno de historias reales. Historias conmovedoras que tocan muy dentro. Historias que nos hacen ver nuestros problemas, y nuestra vida, desde un punto de vista diferente. Historias que dan fuerza y nos enseñan que, aunque la vida no es siempre sencilla, hay que luchar.

Este libro me ha pillado en todo el posparto de mi hija y algunas de las historias que he leído me han llegado muchísimo. Me he sentido muy identificada con algunos de los padres y he agradecido las palabras de Lucía que me animaban a seguir adelante.

La sigo también en redes sociales y estos libros son un complemento al mensaje de calma y seguridad que siempre lanza y transmite.

Las dudas me han asaltado muchas veces en las últimas semanas. ¿Lo estaré haciendo bien? Y ahí llegaba la voz de Lucía: lo estás haciendo lo mejor que sabes. Tu hija no necesita una madre perfecta, necesita una madre real, y esa soy yo. Con mis virtudes y defectos, pero dispuesta a aprender y a hacerlo cada día un poquito mejor.

Porque soy fuerte, poderosa y capaz.


*

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No sin mi hija. Betty Mahmoody y William Hoffer. Reseña



Título: No sin mi hija.
Título original: Not Without My Daughter.
Autores: Betty Mahmoody y William Hoffer.
Año de publicación: 1987.
Género: Autobiografía. Drama. Represión.
Puntuación: 9 sobre 10.


Ésta es una historia real. Betty Mahmoody, ama de casa norteamericana, y su marido, un médico iraní afincado en Estados Unidos, se van de vacaciones a Teherán con su hija Mahtob, de cuatro años. Transcurridas dos semanas, el marido decide establecerse allí y, amparado por la ley iraní, obliga a su mujer a quedarse en el país, a menos que acepte separarse de su hija. Betty, atrapada en una cultura que le es ajena, planea huir con su pequeña a través de las montañas de Irán y Turquía.

No sin mi hija relata de un modo conmovedor, apasionante y aterrador el interminable y arduo calvario de una mujer en su lucha por preservar unos de los derechos fundamentales del ser humano: la libertad.


A pesar de que el libro me enganchó desde el principio, el tono lúgubre y pesimista de las primeras páginas me echó un poco para atrás. Me parecía que, más que una novela, parecía un panfleto anti islamista. Luego caí en la cuenta de que era una biografía y dudo mucho que, después de haber pasado por todas esas traumáticas experiencias, alguien sea capaz de contar su historia desde otro punto de vista que no sea ese.

Me pareció un libro muy duro. De esos que, cuando dejaba de leer, el regusto amargo se me quedaba en el cuerpo.

Es una historia desgarradora. No solo desde la experiencia de una mujer, sino de una madre. Tener la posibilidad de salir de la pesadilla en la que se encuentra, pero saber que, si se marcha, jamás volverá a ver a su hija. Se me ocurren pocas cosas más duras que esa.

Creo que la novela está bien narrada. Aunque la razón por la que decide llevarse a la niña a Irán no me quedó clara hasta casi terminado el libro, y eso me hacía poner toda la historia un poco en entredicho. ¿Qué razón puede haber tan clara como para que, temiendo que el secuestro pueda pasar, decida poner a su hija en peligro? Siempre daban pinceladas vagas que no me convencían, hasta que lo explican bien y todo se aclara, pero, para mí, eso debería haberse dicho mucho antes.

Hubo otra cosa que no me terminó de convencer, y es la facilidad con la que Betty confía en las personas que pretenden ayudarla. Imagino que, en esa situación de desesperación, uno se agarra a un clavo ardiendo. La más mínima esperanza es mejor que seguir metida en ese infierno, pero creo que se podría haber profundizado un poco más en eso.

Y mi último pero es para el desarrollo de la historia. El principio es brillante, nos cuentan todos los horrores a los que se enfrenta la protagonista y lo mal que lo pasa, sin embargo, me dio la sensación de que a mitad de la novela la historia empieza a resumirse. Al principio se explayaban, contaban las cosas con calma, pero el final es un poco precipitado, como si tuvieran que acabar el libro pronto. Como si no pudieran hacerlo más largo.

Aun así, es un libro que recomiendo. Lo pasé bastante mal por Betty y Mahtob, hasta tuve que hacer algo que nunca hago, buscar en internet el final. SPOILER: Me alegré al saber que “solo” estuvieron allí dieciocho meses y esperé el momento de huida con ansia.

Ojalá esta historia hubiera sido fruto de la imaginación de la autora. Y ojalá, hoy en día, no hubiera mujeres en situaciones similares a la de ella.


En 1991 se estrenó una película basada en esa novela. No la he visto y, aunque tiene críticas muy diversas, no creo que vaya a verla. El libro me dejó muy mal cuerpo, y creo que no quiero volver a pasar por ese mal estar.

*

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Si quieres leer más reseñas y críticas de los libros que he ido leyendo, las tienes todas recopiladas en este enlace: Reseñas.

¡Un saludo!



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