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Más maldito karma. David Safier. Reseña



Título: Más maldito karma.
Título original: Mieses Karma hoch 2.
Autor: David Safier.
Año de publicación: 2015.
Género: Comedia.
Puntuación: 7 sobre 10.


Daisy Becker es una actriz de segunda totalmente caótica: bebe, fuma y roba a sus compañeros de piso. A sus veintipocos años tendrá un accidente de tráfico con Steve Barton, una arrogante estrella de Hollywood que está en Berlín rodando la nueva película de James Bond. Una vez muertos, Buda les dice que en sus vidas han juntado demasiado mal karma, y ambos se reencarnan en hormigas. Pero ninguno de los dos tiene muchas ganas de ir a la guerra como soldados-hormiga. Además se enteran de que el mejor amigo de Daisy, del que ella está enamorada, y la mujer de Steve salen juntos. ¿Qué pueden hacer? Ir en busca del buen karma y subir los peldaños de la escalera de la reencarnación hasta volver a ser humanos. Pero no es tan sencillo, pues Daisy y Steve no se soportan y están constantemente echándose la culpa del accidente el uno al otro. Y todavía todo se vuelve más difícil cuando parece que se empiezan a enamorar...



Ha sido una historia divertida de leer. No tiene una trama muy complicada, con grandes giros o sorpresas, pero tampoco lo pretende. Es una novela fresca que tan solo busca entretener y sacar alguna que otra sonrisa.

Los personajes están bien trabajados y cada vez que mueren apetece seguir leyendo y saber en qué animal se reencarnarán y cómo seguirán sus peripecias para conseguir su objetivo.

Toda la trama gira entorno a la reencarnación, con lo cual los personajes deben morir varias veces, pero en algunas ocasiones eso me parecía un poco forzado. Unas veces parecía que no querían morir, pero en otras era como, bueno, qué más da. Todo sea por acumular buen karma, ya renaceré. Lo fácil que mueren los protagonistas aquí es asombroso.

Me he leído este libro en alemán y cuando he buscado la sinopsis en español me he llevado la sorpresa al ver que al protagonista masculino le llaman Steve. No entiendo muy bien cuál es la razón, Marc no es un nombre impronunciable en nuestro idioma, y tampoco desentona. Me puse a investigar y descubrí que algunas personas que se lo habían leído en español también decían Marc, así que ¿en español lo dejan como Marc o es Steve? ¿Está mal la sinopsis de la editorial?

Hace muchos años que me leí la primera parte, Maldito karma. Pero ha pasado tanto tiempo que ya no tengo en la cabeza su argumento, y creo que eso ha sido un punto positivo para que me gustara más este libro. He leído muchas reseñas y opiniones que decían que no es tan bueno como el primero, o que es tan solo una copia.

En resumen, un libro entretenido, sin muchas pretensiones, para pasar un buen rato.

*

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¡Un saludo!



Una familia feliz. David Safier. Reseña




Título: Una familia feliz.
Título original: Happy Family.
Autor: David Safier.
Género: Comedia.
Año de publicación: 2011.
Mi puntuación: 7 sobre 10.


La familia Van Kieren está al borde del caos. La librería de la madre, Emma, está en la bancarrota; el padre trabaja demasiado; la hija adolescente no aprueba ni una asignatura, y al hijo pequeño la chica que le gusta lo humilla. Para colmo, después de una fiesta, una bruja hechiza a los Von Kieren y los condena a convertirse en el personaje del que van disfrazados: de repente son una vampira, Frankenstein, la momia y un hombre lobo.

Para romper el hechizo, este singular cuarteto partirá en busca de la bruja por medio mundo. Y en el camino se encontrará con un montón de monstruos auténticos: vampiros, lagartos gigantes y turistas alemanes en viaje organizado. Pero por mucho que busquen, los Van Kieren no podrán dejar de ser monstruos hasta que vuelvan a creer en la felicidad familiar.



Es un libro sencillo de leer, divertido y bastante ameno. Eso de que se conviertan en criaturas fantásticas me llamó mucho la atención y conforme iba leyendo me fui enganchando cada vez más, pues los personajes, todos muy bien desarrollados, acaban metiéndose en situaciones de los más bizarras. Aunque para mi gusto el final no le hace justicia al resto del libro, decayó bastante.

Me gusta el estilo de escribir del autor, es muy fresco, aunque después de haberme leído ya Maldito karma me resultó un tanto repetitivo. Pero aun así lo recomiendo sin duda. Es una lectura divertida.

En 2017 se estrenó una película de animación basada en este libro. No la he visto, pero las críticas que hay de ella no son demasiado buenas.


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Leo quiere a Aries. Anyta Sunday. Reseña


Título: Leo quiere a Aries.
Título original: Leo loves Aries.
Autora: Anyta Sunday.
Año de publicación: 2018.
Género: Romance Lgtb. New adult.
Puntuación: 8 sobre 10.

Leo quiere a Aries. O así sería si el despistadísimo de Leo fuera capaz de verlo.

Theo Wallace, un leo perezoso y divertido, necesita encontrar una amistad verdadera, de esas que duran para siempre. Una amistad que le ayude a superar el pasado y a centrarse en un futuro más brillante y prometedor.

Jamie Cooper, un aries sensato y entusiasta, podría ser ese amigo. Está hecho tan a su medida que es como si lo suyo estuviera escrito en las estrellas. Es el compañero de piso perfecto. Todo va bien y es muy divertido. Mucho más que divertido. Pero ¿qué significan esas largas miradas que Jamie le dedica a Theo? ¿Y qué son esas mariposas que Theo siente en el estómago?

El despistado de leo necesitará de la astucia de aries para descubrirlo.

Leo quiere a Aries es una novela con mucho tonteo, con un amor que se cuece a fuego lento entre dos compañeros de piso que van de amigos a amantes (friends-to-lovers). Un romance gay chico-chico con final feliz y esperanzador. Se trata de una historia New Adult que se desarrolla en un entorno universitario y que abre la serie Signos de amor.


Es una historia sencilla y divertida, para pasar un rato bonito y olvidarse de los problemas del día a día. Sin grandes dramas ni angustias. Se lee con mucha facilidad y la manera de escribir de la autora hace que todo fluya con mucha naturalidad. Te mete en la historia muy pronto y engancha en seguida.

El personaje de Theo me pareció muy fresco, divertido y macarro. Jamie es más serio y maduro, aún así, hay algo entre ellos que hace que las chispas salten.
Un libro bonito. El primero que leo de esta esta autora, pero no creo que sea el último.

Este libro es el primero de una serie llamada Signos de amor:

Leo quiere a Aries.
Escorpio odia a Virgo.
Géminis se queda con Capricornio.
Piscis pesca a Tauro.
Cáncer se embarca con Acuario.
Sagitario salva a Libra.


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Maldito karma. David Safier. Reseña.

Título: Maldito karma.
Título original: Mieses Karma.
Autor: David Safier.
Publicación: 2009.
Género: Humor, ficción.
Puntuación: 8 sobre 10.

La presentadora de televisión Kim Lange está en el mejor momento de su carrera cuando sufre un accidente y muere aplastada por el lavabo de una estación espacial rusa. En el más allá, Kim se entera de que ha acumulado mal karma a lo largo de su vida: ha engañado a su marido, ha descuidado a su hija y ha amargado a cuantos la rodean. Pronto descubre cuál es su castigo: está en un agujero, tiene dos antenas y seis patas… ¡es una hormiga!

Kim no tiene ganas de ir arrastrando migas de pastel tras haber eludido los hidratos de carbono toda su vida. Además, no puede permitir que su marido se consuele con otra. Sólo le queda una salida: acumular buen karma para ascender por la escala de la reencarnación y volver a ser humana. Pero el camino está plagado de contratiempos.

Maldito karma es una historia de desbordante fantasía, una entrañable fábula que, entre carcajadas, nos ayuda a reflexionar sobre las prioridades de nuestra vida.


No había oído hablar mucho sobre este libro, tan solo sabía que era divertido. Y la verdad es que lo ha sido. El estilo del autor me parece muy fresco, es muy fácil de leer y engancha desde el principio.
La historia me ha parecido muy original y desde que lo leí no he podido evitar ver a las hormigas con otros ojos, ¿será alguien reencarnado?

Personalmente me gusta pensar que el karma existe y que si haces cosas buenas recibirás algo bueno, y viceversa. Por desgracia no siempre es así, hay gente mala con mucha suerte, pero quizás el karma se lo tiene guardado y al morir se reencarnen en parásitos intestinales...

Es un libro divertido, ameno, te hace desconectar de la vida diaria y te provoca alguna que otra carcajada.

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Paradise Kiss. Ai Yazawa. Reseña



Título: Paradise Kiss.
Título original: Paradise Kiss (パラダイス・キス).
Autora: Ai Yazawa.
Año de publicación: 1999-2003.
Género: Manga. Josei (dirigido a mujeres adultas).
Puntuación: 8,5 sobre 10.


Yukari Hayasaka es una adolescente cuya única motivación es matarse estudiando para conseguir entrar en una buena universidad y hacer feliz a sus padres. Pero todo cambia el día que se cruza con George, un atractivo y excéntrico chico que se dedica a diseñar ropa.

George lidera “Paradise Kiss”, un grupo muy particular que se dedica a la moda y está compuesto por estudiantes del Instituto de Arte Yazawa. Tienen la idea fija de que Yukari sea su modelo y no aceptan un "no" como respuesta. Su contacto con ellos abrirá los ojos de Yukari a un nuevo mundo y marcará un giro radical a su vida.


Leí este manga hace muchos años, incluso vi la serie de anime, y siempre tuve un buen recuerdo de ella. En esta relectura no me ha decepcionado, y me ha dejado el mismo buen sabor de boca. Sin embargo, en esta ocasión me he dado cuenta de un par de detalles que hace años, en mis plenos veinte, no me di cuenta. Y es que algunas de las relaciones que se muestran en la historia no son demasiado sanas, empezando por la de los protagonistas. No las alaban, tan solo las muestran. Eso me ha chocado un poco y me ha hecho darme cuenta de lo antigua que es. Pues, creo, que en la actualidad unas relaciones así vendrían implícitas con una denuncia social. Al menos en la mayoría de las novelas occidentales.

Aun así, me ha parecido una historia muy bien hilada, que trata las cosas tal y como son y muestra la realidad.

Muy recomendada. Ahora se celebra el veinte aniversario de su publicación y se ha sacado una edición especial con unas nuevas portadas. Son bastante bonitas, aunque a mí me gustan más las antiguas, que nos muestran todos los personajes, no solo la protagonista. Uno de los personajes que siempre fue mi debilidad es Isabella, de hecho, he escrito varias historias en las que es la inspiración, una de ellas la podéis leer en el blog: Atelier Isabella.

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Nana Quiero comerme tu páncreas La cantina de medianoche Heartstopper Dónde está Anne Frank
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Sin noticas de Gurb. Eduardo Mendoza. Reseña

Título: Sin noticas de Gurb.
Autor: Eduardo Mendoza.
Año de publicación: 1991.
Editorial: Seix Barral.
Mi puntuación: 10 sobre 10.


En esta curiosa novela se nos cuentan las aventuras de un extraterrestre en la Barcelona preolímpica que busca a su compañero, Gurb, el cual se ha dado a la fuga con la apariencia de Marta Sánchez.

El narrador de la historia, del cual no sabemos su nombre, nos narra sus vivencias en nuestro planeta en forma de diario. Todo el texto tiene un tono de humor lleno de sátiras y críticas a la España, en concreto a Barcelona, de aquellos años.

Este extraterrestre, en la búsqueda de Gurb, se hace pasar por humano, sin embargo, las situaciones en las que se mete me han hecho soltar más de una carcajada. Lo ve todo desde un prisma muy diferente al nuestro. Lo más cotidiano para nosotros, a él le resulta imposible de realizar. Y algunos imposibles, para él son de lo más normal.


También quiero destacar el personaje de Gurb. No aparece demasiado y por lo que el narrador nos cuenta, no parece un extraterrestre muy espabilado; al menos según su superior, porque las decisiones que toma conforme las órdenes que les dan… Me parece el extraterrestre más listo de todos. Cómo se aprovecha de la situación el muy pillín.

Es una novela corta, con un lenguaje muy rápido y que se lee con facilidad.

Esta es la tercera vez que me enfrasco en su lectura, e igual que las anteriores, me gustó y enganchó desde el principio.

*

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El gerifalte



Juan es un tipo de lo más normal. Nunca tuvo mote, siempre fue Juan. Ni Juanito, ni Juanillo, ni Juanote, aunque su tamaño bien podía haber dado para muchos diminutivos y aumentativos. Pero a pesar de todo siempre fue Juan, a secas.

Está bien entrado en la cuarentena, con más calva que canas y un cuerpo en forma de canica. Siempre lleva unas gafas de pasta gruesa y un traje que, aunque nunca está impecable, tampoco están mal cuidado.

A simple vista Juan parece un hombre del montón. Ni guapo, ni feo. No tiene una sonrisa bonita ni una personalidad arrolladora. No llama la atención y cuando se presenta nadie se queda con su nombre o su cara.

—Basta ya de tantos rollos, narrador. Además, ¿a qué viene esa descripción tan poco heroica de mi persona?
—Perdona, Juan. Pero tienes que reconocer que es la verdad.
—¡Bah! No tienes ni idea. Déjame que cuente yo la historia.
—Como prefieras.

Podría decir muchas cosas sobre mí. He vivido millones de aventuras y conocido gente de todas partes del mundo. Pero para no dar demasiada envidia me quedaré ahí y os contaré la vez en la que María se quedó prendada de mí.

—¿María? ¿La que se casa con tu antiguo jefe dentro de un mes?
—…
—No me mires así, Juan. ¿Es ella?
—¡Cállate y déjame contar la historia!

Ocurrió un lunes. Aquel fin de semana me había comprado un traje nuevo, y para ser sinceros, me quedaba cojonudo.

—Tampoco hace falta decir este tipo de palabras, ¿no te parece?
—¿Me vas a estar interrumpiendo en cada frase?
—No, pero podías utilizar otra expresión: perfecto, hecho a medida, como un guante. No siempre hay que recurrir a ese lenguaje tan vulgar.
—Está bien. El traje me quedaba perfecto. ¿Mejor?
—Sí, gracias. Continúa.

Como iba diciendo, aquel día estaba espectacular. Me miré en el espejo del ascensor, me coloqué la corbata y cuando las puertas se abrieron salí al pasillo. Saludé a la recepcionista y desde ese mismo momento supe que aquel día iba a ser apoteósico.

—¿Por qué? ¿Qué fue lo que hizo?
—No hizo nada, fue su mirada. Me comió con los ojos.
—¿En serio?
—Así es. La saludé con un «¡Buenos días, princesa!» que había escuchado en una película y entré en el despacho. Pero noté sus ojos recorrer todo mi cuerpo.
—Pues yo recuerdo que te miró con una sonrisa incómoda.
—¿¡Qué sabrás tú!?
—Bueno, bueno, no te enfades. Yo me callo ya.

Me dirigí a mi mesa, encendí el ordenador y miré el reloj. Eran las ocho y cinco, lo que significaba que las secretarias ya deberían estar en la cocina. Con paso seguro me encaminé hacia allí.

—¿No fue en ese momento cuando te tropezaste con el paquete de folios y tiraste la taza de Rubén al suelo? La que le había regalado su hermana antes de morir en ese espantoso accidente de tráfico.
—…

Al entrar en la cocina las chicas ya estaban allí. María era una de ellas. Estaban hablando en cuchicheos y cuando entré se callaron al instante. Raquel se puso roja y supe que estaban hablando de mí.
Con toda la confianza de saber que era el centro de atención de esas mujeres me dirigí hacia la cafetera y cuando les di la espalda escuché claramente como suspiraron.

—Yo más bien diría que se rieron en voz baja.

Suspiraron. Tomé una taza del armario y mientras esperaba a que el café se hiciese, evité deliberadamente mirarlas, quería dejarles tiempo para que los colores se les bajasen.
Cuando el líquido negro estuvo listo me giré con lentitud hacia ellas.

—¿Líquido negro? ¿Te refieres al café?
—Pues claro, ¿qué va a ser si no?
—¿Y por qué esa manera de decirlo? ¿Quién te crees que eres? ¿Lope de Vega?
—Antes te quejabas porque utilizaba palabras vulgares, ¿y ahora no puedo intentar ser un poco más poético?
—Lo siento, es que me has desconcertado, no te pega nada.

Cuando terminé el café me giré hacia ellas y pegué un sorbo. Estaba muy caliente y no pude evitar pegar un pequeño salto al sentir que mi lengua se quemaba. Aquello hizo que las mujeres me sonriesen con cariño.

—Me acuerdo de ese momento. Hiciste una mueca horrible. De lo más cómica. Y sí, las chicas se rieron, pero a carcajadas.

Soplé un par de veces sin dejar de mirarlas, en especial a María. Aquella mujer era impresionante. Nos mantuvimos la mirada y comenzó a coquetear conmigo. Me miraba por encima de las gafas y enredaba un mechón de pelo en uno de sus dedos.

—Ahí te doy la razón. Estaba coqueteando.

Se pasó así varios minutos. Lanzándome miradas de lo más provocadoras. Fue en ese momento en el que me di cuenta de que había caído en mis redes y hasta que no me terminé el café no dejó de mirarme.
Antes de salir me giré hacia ellas y les guiñé un ojo. Cuando iba a cerrar la puerta vi que Raquel se había vuelto a poner muy roja y Ana le pegó a María un golpe en el brazo. Imagino que estaría celosa por lo que acababa de pasar entre nosotros.

—¿Estás seguro de que ese fue el motivo?
—Pues claro. Pero si María se había enamorado de mí, ¿qué iba a hacer yo?
—Todavía no entiendo cómo puedes pensar que una mujer como esa se haya podido enamorar de un tipo como tú.
—¿A qué te refieres con eso? Tú mismo has dicho antes de coqueteó conmigo.
—Sí, pero igual no lo hizo porque estuviese enamorada.
—¿Y cuál podía ser su motivo? Dime, listo.
—…
—No. Ahora no te encojas de hombros.
—No lo sé, Juan. Igual estaba jugando contigo. Piénsalo. Si fuese así todo lo que pasó después tendría sentido.
—Lo que pasa es que tú, al igual que Ana, tienes envidia.
—No voy a entrar en eso. Mejor sigue contando la historia.

Volví a mi mesa y estuve trabajando durante varias horas con una impecable diligencia.

—A ver, Juan. ¿Impecable diligencia? Le enviaste a María treinta correos que casi podrían ser de acoso sexual.
—No eran de acoso. A algunas mujeres les gusta que les digan las cosas sin tapujos ni dobles sentidos.
—Pero reconoce que igual te pasaste.
—¡Qué va! A esa le va la marcha. Lo sé yo. Si no, ¿por qué iba a llevar siempre esas faldas y pantalones tan ajustados?
—¿Porque le gusta?
—¡Bah!

Cuando la mitad del día laboral había pasado decidí estirar un poco las piernas. Deambulé sin un rumbo fijo por la oficina. Al pasar por delante de las mesas de mis compañeros noté todas las miradas puestas en mí. El traje nuevo, mi elegancia y porte estaban rompiéndolo.

Mis pasos me llevaron hasta la mesa de Raquel. La pobre parecía estar teniendo algún problema con su ordenador, así que le ofrecí mi ayuda. Pasé varios minutos allí, pues resultó ser más complicado de lo que en un principio pensaba. Pero no me iba a ir dejándola tirada.

Al final conseguí solucionarlo y antes de marcharme me lo agradeció acariciándome la mejilla. Aun recuerdo el tacto de su mano y el calor que me dejó en la piel.

—Juan, yo creo que aquello fue en un universo paralelo. Metiste un troyano en el ordenador de Raquel que casi destroza todo el sistema de seguridad de la empresa. Y esa caricia fue el bofetón que te dio cuando salió el pantallazo azul.
—Imposible, ese sería otro. A mí nunca me pasaría algo parecido. Estoy más que versado en el arte de la informática.
—Pero si no sabes ni cómo funciona el Power Point.
—¡Porque ese programa lo carga el diablo!

Después de brindarle mi ayuda y salvar a Raquel regresé a mi mesa y continué realizando mi trabajo. Dentro de unos días se diría quién iba a ser el empleado del mes, y aunque estaba seguro de que me otorgarían el premio, no podía bajar el ritmo de trabajo.

—¿Ahí fue cuando, gracias a tu inglés macarrónico, cancelaste la reunión con los australianos que tras muchos meses de extenuante negociación habían aceptado hacer?
—¿Inglés macarrónico? Luego dices que soy yo el que habla vulgar. Y no, no fue mi culpa. Mi inglés es perfecto. No sé qué idioma hablaran en esa islucha, allí, perdida del mundo, son los australianos los que deberían mejorar su inglés. Parece ser que los profesores anglosajones no llegan hasta allí.

A eso de las ocho de la tarde cerré el ordenador y me dirigí al baño. Aún me quedaba un largo camino a casa; el Mercedes no funciona, y me tocaba volver a tomar el metro.

—¿El Mercedes? ¿Esa chatarra que heredaste de tu abuelo hace más de quince años y que nunca has conducido?
—Es un coche histórico.
—Pero, Juan. ¿Tienes siquiera carnet de conducir?
—Bueno, eso no es lo importante en la historia.

Cuando salí del baño me encontré con María. La saludé y ella me dedicó una mirada provocadora. Estoy seguro de que se estaba acordando de los correos que nos habíamos enviado ese día. Me acerqué a ella, seductor, la tomé de la mano y besé sus dedos uno a uno. Su cara se tornó rojísima y lanzó un agudo jadeo al aire.

—Espera, espera, Juan. Aquí ya tengo que pararte. ¿Jadeo? Sí, estaba roja, ¡pero de ira! Y el grito que pegó fue lo que hizo que Marcos, el jefe, y su prometido, apareciese.
—Sí, ese bastardo. Estoy seguro de que quería colarse en las bragas de María, pero al ver que ella estaba enamorada de mí los celos le pudieron.

Como bien dices, Marcos, nuestro jefe, llegó cuando María y yo estábamos metidos de lleno en el coqueteo y me separó de ella de un fuerte empujón. Nos enzarzamos en una dura pelea. Al principio fue por el amor de esa mujer, pero al final todo quedó en una cuestión de orgullo. Y yo no podía dejar que un enclenque como ese quedase por encima de mí, por mucho que fuese mi jefe.

—¿Un enclenque? Pero por Dios, Juan, si te saca dos cabezas y media. Además, ¿no sabes que practica taekwondo desde los seis años?
—¿Taekwondo? Eso es de niñas. Los verdaderos hombres aprendemos a pelear en la calle.
—¿Y cuándo te has metido tú en una pelea?
—Muchas veces. En mis viajes a lo largo del mundo he vivido cosas de las que no tienes ni idea.
—Ya…

La cuestión es que después de aquella pelea, la que claramente Marcos estaba perdiendo, decidió utilizar su puesto de jefe para llamar a los de seguridad y sacarme a la fuerza del edificio. Me resistí con uñas y dientes, de eso no te quepa duda.

—Pues yo recuerdo que suplicaste y lloraste para que no te despidiese.
—¡¿Pero cómo voy a suplicar?! ¡Eso jamás! Solo le dije las cosas por su nombre. Lo de llorar no te lo puedo negar, pero fue porque se me metió algo en el ojo.

Cuando me sacaron a la calle la rabia y la ira pudieron conmigo, así que ideé el plan que nos ha traído hasta aquí. Hasta este lugar a estas horas de la madrugada.

—De nuevo en el edificio de tu antiguo trabajo.
—Tú, yo, y veinte kilos de explosivos.
—Pero no estamos solos, ¿verdad?
—No… claro que no. Todos los culpables están aquí.
—¿Culpables? Pero, ¿no dijiste que fue un día apoteósico?
—Lo dije, y lo fue.
—No lo entiendo.
—…
—Bueno, da igual. ¿A quién has traído?
—A todos los que me jodieron.
—Esa boca.

Uno a uno los fui llevando hasta allí. Marcos, María, Raquel, Rubén...

—¿A Rubén también? ¿Qué hizo él?
—La taza de su hermana, ¿lo recuerdas?
—Pero si fuiste tú el que la rompió.

Ana fue la que más me costó traer, y por último, Bea, la más culpable de todos.

—¿Por qué? ¿Esa quién es?
—La recepcionista. Ella fue la que lo comenzó todo. Si no hubiese sido por esa mirada que me echó al llegar, yo habría realizado mi día con completa normalidad.

Están atados a la columna de la sala de reuniones y ahora tenemos que terminar el trabajo. Será una bonita explosión.

—Sabes que todos moriréis, ¿verdad?
—Sí, y tú con nosotros.
—¡Oh! No, yo no. Yo solo soy un simple narrador.

Y así fue como el propio Juan se llenó la cabeza de mentiras e ideas inventadas que lo llevaron a cometer aquel acto de locura.

Mas Juan siempre fue una persona apocada y, aunque él se creyese el dueño del mundo, un gerifalte hecho y derecho, nunca tuvo el valor suficiente para secuestrar a nadie, mucho menos para hacerlos volar por los aires.

Entró por la noche en el edificio, eso sí. Subió hasta el despacho en el que llevaba más de dos décadas trabajando y se ahorcó con una corbata.

Pero como los que son unos don nadie siempre tienen mala suerte, la tela se rompió antes de que, siquiera, se quedase inconsciente.

Regresó a su casa cabizbajo, sin trabajo, y sin una mísera marca en el cuello.


La idea para este relato la tomé del libro "642 cosas sobre las que escribir", en una de las premisas que daban pedían que se escribiese un relato con el vocablo que fuese la palabra del día de esa jornada en la página de RAE, y la afortunada fue: Gerifalte.

En ese momento esta palabra me era desconocida, pero me gustó tanto que no me contenté con escribir un solo relato, sino que hice dos. El otro lo podéis encontrar la recopilación integra que se puede adquirir en Amazon.

La idea para este relato me la dio una amiga, me dijo que sería interesante escribir sobre un hombre que se creyese un gerifalte, pero que en realidad era un piltrafilla, un Don Nadie. Y esto fue lo que salió.

Escribirlo me gustó bastante. Me reí mucho con la conversación entre Juan y el narrador, y cómo le va desmontando todas sus supuestas hazañas. Tengo muchos relatos favoritos, pero este está dentro de mi lista de los diez primeros. Espero que a vosotros también os haya gustado.

¿Conocíais esta palabra? ¿Qué se os habría ocurrido?

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¡Un saludo!




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